Un vecino del ingenio dice que Dorita es mala,
para probarlo me cuenta que es arisca y malcriada
y que cien veces al día todo el batey la regaña que a la hija de un colono le dio ayer una pedrada y que a la del mayoral le puso roja la cara quien sabe porque razones por nosotros ignoradas.
Que si la visten de limpio, al poco rato su bata está rota o está sucia , que anda siempre despeinada, que no estudia una lección y nunca sabe la tabla.
Que el sábado y el domingo se pierde en las guardarrayas persiguiendo tomeguines y recogiendo guayabas.
Y yo pregunto: Vecino, vecino de mala entraña, ¿Quién puede decir que sea por eso mi niña mala?
si hubieras visto lo íntimo de su vida y de su alma como lo ha visto el maestro, ¡Que diferente pensaras!...
Verdad que siempre está ausente, pero si viene, no falta, entre sus manitas breves un ramo de rosas blancas
para poner al Martí que tengo a mitad del aula.
Con quien no traiga merienda, parte a gusto su naranja ; si cantamos al salir se oye su voz la más alta su voz que es limpia y alegre como arpegio de guitarra Y cuando explico Aritmética le resulta tan abstracta
que de flores y banderas me llena toda la página.
Y prefiere en los recreos cuando juegan a las casas jugar con Luisa: la única niña negra de mi aula
a veces la llama: Luisa, y a veces le dice ¡Hermana!
Y cuentan los que lo saben que en aquella tarde amarga
en que no vino el maestro, ¡era la que más lloraba!
Cuando se premie el cariño y lo rebelde del alma
cuando se entienda la risa y se le cante a la gracia; cuando la justicia rompa entre mi pueblo su marcha
y el tierno botón de un niño sea una flor de esperanza,
habrá que poner al pecho de mi niña una medalla
aunque el batey malicioso le dé tan mala fama
y tú mi pobre vecino no entiendas una palabra.
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