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"Cuenta la historia de un hombre que al parecer era extraño. Porque este hombre iba por la calle y besando todo. Iba por la calle y besaba las aceras, las farolas, los semáforos, los coches… besaba a los transeúntes que pasaban a su lado. Besaba a los policías, besaba las paredes de las casas, su puerta, las escaleras que conducían hacia su piso… besaba todo. Y las autoridades le consideraron peligroso porque no podía ser un hombre que fuera besando a todo el mundo por la calle. Le consideraron extraño y peligroso y decidieron encarcelarlo. Y lo metieron en la cárcel y aquel hombre extraño besaba las paredes de barro, besaba los barrotes, besaba a su carcelero, besaba la ración de comida que le daban todos los días, el jergón en el que dormía… besaba el suelo y el techo. Puesto que veían las autoridades que no recapacitaba que no cambiaba su conducta y decidieron ponerle fin y ejecutarle pues aquel hombre por ser así era extraño y peligroso. Así fue, y beso a los ejecutores y beso las balas que le mataron. Le enterraron en una loma en lo alto y desde aquel día y desde el cielo los pájaros descubrieron que al mundo le habían nacido labios." El hombre extraño Era extraño aquel hombre, o por tal lo tomaron, porque besaba todo lo que hallaba a su paso. Besaba a las personas, al perro, al mobiliario y mordía dulcemente la ventana de un cuarto. Cuando salía a la calle le iba besando al barrio las esquinas, aceras, portales y mercados, y en las noches de cine (también las de teatro) besaba su butaca y las de sus costados. Por estas y otras muchas los cuerdos lo llevaron donde nadie lo viera, donde no recordarlo, y cuentan que en su celda besaba sus zapatos, su catre, sus barrotes, sus paredes de barro. Un día sin aviso, murió aquel hombre extraño y muy naturalmente en tierra lo sembraron. En ese mismo instante, desde el cielo, los pájaros descubrieron que al mundo le habían nacido labios.
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