Letra Un abrazo en medio del vendaval de María Isabel Perdigón Gutiérrez Alblysa

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Hay días en los que uno se levanta
con el alma en chancletas.


Días que empiezan con apagón,
siguen sin agua
y terminan con una noticia
que el pecho aprietan.



Días en que parece que el mundo conspira
para probar tu paciencia,
tu optimismo,
tu capacidad de seguir apostando
por algo mejor.


Días
en que lo único que uno quiere es parar el mundo un momentico,
bajarse en la próxima esquina, 
porque necesitas respirar.

Y es en medio de ese trajín,
entre la escasez,
las colas,
la carga emocional de vivir
en modo sobreviviente,
es donde el abrazo se vuelve algo sagrado.
caliente... 


Sí, sagrado, porque un abrazo,
aunque parezca simple,
tiene el poder de apagar incendios invisibles.
Un abrazo te salva de ahogarte
cuando no puedes más con el silencio,
con la incertidumbre,
con el dolor ese que no siempre se dice.

Aquí,
en el Caribe en esta islita
donde la gente se inventa la vida
todos los días con cuatro cositas,
los abrazos son una forma de resistencia.

Por protocolo no te abraza la gente:
No importa
si es en una sala oscura porque se fue la corriente,
en una cola tensa bajo el sol,
o al volver de la calle
y tienes cargado con el corazón.



El abrazo cubano no es de cartón,
es de carne,
hueso y emoción.
Es fuerte, cerrado,
cálido,
con palmaditas incluidas.
a veces mudo,
otras veces llorado.

Y es que en Cuba,
cuando la vida aprieta,
abrazar es también una forma de decir:
“Aquí Estoy”.
No puedo solucionarte el problema,
pero puedo compartirlo.
Y eso, créeme, ya es mucho.

En estos tiempos donde todo escasea,
donde la carne y el huevo son un lujo
y  el ánimo un bien en extinción,
los abrazos no lo son.



Siguen saliendo de los brazos de una madre
que te recibe después de un día malo.
De una amiga que, aunque esté igual que tú de agotada,
te ve los ojos

y te recoge en los suyos
sin decir nada.



Del vecino que te estrecha la mano
y termina metiéndote en el pecho
con fuerza,
como diciendo:

que estamos viviendo
 “¡Qué clase de guerra esta,
pero seguimos de pie!”.

Y también hay abrazos
que uno da sin darse cuenta:
cuando cargas a un niño dormido
en medio de un apagón,
o cuando sostienes a una anciana para ayudarla a caminar
o le das un beso a tu pareja,
aunque no para hablar
tengas fuerzas.



Esos son abrazos disfrazados de gestos cotidianos,
pero que valen igual o más.

Los abrazos son,
en estos tiempos tan difíciles,
una especie de código emocional
que no necesita palabras;
son silencios que dicen mucho,
un refugio contra el desaliento,
una forma de sanar sin bisturí
ni pastillas,
ni nada de eso...
Aquí, donde los psicólogos no dan abasto,
puede valer más que mil consultas
recibir a tiempo un gran abrazo.


Y cuando la ansiedad
toca la puerta
porque no sabes cómo llegar
al final del mes,
o al final del día,
un abrazo puede hacer la diferencia entre
rendirse o seguir.
Es como si alguien te recordara:
“No estás sola”,
“esto también va a pasar”,
“te entiendo”.



Y eso,
en tiempos donde tantos se sienten solos,
es vital.

Hay quien dice
que los cubanos somos exagerados.
Que si hablamos con las manos,
que si tocamos demasiado,
pero yo digo
que en eso está nuestra mejor arma:
nos recuerda
que seguimos siendo humanos.


Aquí el abrazo es medicina,
es acto de fe,
es antidepresivo natural.
No cura la falta de comida,
pero alimenta el alma,
no quita los apagones,
pero te enciende por dentro.



No cambia el país,
pero te recuerda que,
incluso en medio del caos,
seguimos siendo humanos.

Y es que el abrazo no necesita papeles,
ni visa ni conexión a internet.


No hay que recargarlo con datos
ni pedirle permiso a nadie.
Solo hace falta estar, mirar al otro,
abrir los brazos
y decir con todo el cuerpo:
“Yo estoy contigo”.

Porque si algo hemos aprendido los cubanos
es que resistir en soledad agota,
pero resistir acompañados

—aunque sea de una mirada o un abrazo
— da fuerza, mucha fuerza.
Tomado de AlbumCancionYLetra.com
Así que si hoy el mundo te pesa,
si la cabeza está llena y el corazón medio roto…
no lo pienses tanto,
abraza o déjate abrazar,
porque en esta Cuba de remiendos y sueños pendientes,
un abrazo no lo arregla todo, pero ayuda muchísimo a seguir.